Relacionándonos con Dios en oración dependiente
George Müller es recordado no simplemente como un hombre que oraba, sino como un hombre que edificó toda su vida sobre la oración. En el siglo XIX, Müller supervisó grandes orfanatos en Bristol, Inglaterra, donde se alimentaba, vestía, educaba y daba refugio a miles de niños. Sin embargo, es famoso por haber tomado la decisión de no pedir nunca apoyo financiero a nadie. En su lugar, resolvió que Dios sería su único proveedor y que la oración sería su medio diario de dependencia.
Relacionándonos con Dios al encontrar nuestra identidad en Cristo
En 1956, Elisabeth Elliot recibió una noticia capaz de quebrantar una vida humana. Su esposo, Jim Elliot, junto con otros cuatro misioneros, fue atravesado por lanzas mientras intentaban llevar el evangelio al pueblo huaorani en Ecuador. Elisabeth quedó viuda a los veintinueve años, con una hija de diez meses y un futuro repentinamente cubierto de dolor. Sin embargo, lo que más resalta en su vida no es solamente la tragedia que soportó, sino la identidad desde la cual vivió. En sus diarios escribió: “El secreto es Cristo en mí, no yo en un conjunto diferente de circunstancias.” Su identidad no estaba anclada en ser esposa, madre, misionera o incluso viuda. Estaba anclada en su unión con Cristo: en quién Él es, lo que Él ha hecho y quién era ella en Él.
Relacionarnos con Dios apropiando Su verdad en lo más profundo del corazón
Agustín fue un hombre que conoció de primera mano lo que significa vivir con un corazón dividido y desordenado. Antes de su conversión, persiguió toda pasión que creía que podría calmar el vacío interior: el placer, el intelecto, el estatus, las relaciones y sistemas filosóficos que prometían iluminación pero solo producían mayor confusión. Su vida estaba llena de ruido, deseos y conflicto interno. Sin embargo, nada de eso le dio descanso.
